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Agustín Baeza. Madrid, 1970

Soy asesor público, escritor y observador inquieto del mundo que nos rodea. Llevo más de una década ayudando a líderes, instituciones y equipos a tomar decisiones estratégicas en contextos complejos.

Agustín Baeza. Madrid, 1970

Al principio de mi carrera profesional fui docente e investigador en la Universidad. Allí daba clases de teoría económica y trabajaba en proyectos de economía ambiental y cooperación al desarrollo. Era un economista heterodoxo que, por decirlo de alguna forma, odiaba el excel.

Después, durante más de una década fui asesor y jefe de gabinete de Alcaldes, Secretarios de Estado, Ministros y otros altos cargos. Allí aprendí a escribir discursos, a hacer comunicación y los básicos de diversas políticas públicas (educación, cultura, etc.). También a conocer el alma profunda de las personas, por eso las veo venir de lejos. Siempre digo que todos los ciudadanos deberían pasar tres o cuatro años de sus vidas gestionando lo público y lo común. Todo iría mejor.

Ahora cumplo una década trabajando en la economía digital en los ámbitos del emprendimiento, las startups, la innovación y también otros asuntos sociales, como consultor y asesor en asuntos públicos, comunicación y estrategia. Dicen que lo mejor que sé hacer es conectar cosas (individuos y organizaciones), articular narrativas y construir relaciones.

También aporreo el piano y aprendo a tocar la guitarra (músico en beta permanente), y escribo novelas (la segunda y tercera me están costando más de la cuenta).
Una vida no alcanza.

Manifiesto

1. Lo más importante son las personas
Creo firmemente que lo esencial en cualquier proyecto son las personas. He aprendido que trabajar con gente honesta, generosa y comprometida no solo facilita los procesos, sino que también define la calidad de los resultados.
2. Proyectos singulares

No me motivan los encargos rutinarios ni los que siguen caminos previsibles. Me interesan los proyectos que suponen un reto intelectual, que me obligan a salir del guion, a repensar lo establecido y a replantearme incluso mis propias ideas.

3. Profesionalidad
Ser profesional no depende del tamaño del cliente ni del importe del contrato. Es una decisión personal que se refleja en la manera de abordar cada reto con seriedad, respeto y compromiso. Creo en hacer las cosas bien por convicción, no por obligación.
4. Derechos humanos ante todo
El debate entre el “lobby bueno” y el “lobby malo” me resulta estéril. Todos buscamos influir de algún modo en nuestro entorno, y en ese sentido, todos hacemos lobby. Lo realmente importante no es esa clasificación, sino el respeto a principios claros
5. Método Da Vinci
Mi forma de entender los asuntos públicos difiere de la más extendida entre colegas. No creo que se trate solo de contactos o de aplicar fórmulas predecibles. Para mí, este trabajo exige una visión amplia y flexible, una combinación entre intuición, análisis y creatividad.
6. Miembro de APRI
Como miembro de la Asociación de Profesionales de las Relaciones Institucionales (APRI), comparto un compromiso firme con la ética, la transparencia y la mejora de nuestra democracia.